Hoy es martes y desinfectan el colegio, por lo que me dedico a disfrutar el momento de ocio. Estoy tomando un té y hablando por teléfono con un amigo mientras reviso unas fotos del verano en la computadora. Al rato mi amigo me dice que su mamá lo esta llamando para que la ayude con unas cosas de la casa, hablaríamos más tarde. Cuelgo el teléfono.
Suspiro, me doy vuelta y ¡horror! casi me muero de un infarto. Hay alguien sentado en mi cama, y hasta donde se, me encontraba sola. Me paralizo.
Intento respirar hondo, en el pecho puedo sentir como mi corazón bombea sangre cada vez más rápido, aunque el usurpador ni siquiera parece notar mi presencia, o mejor dichoLA usurpadora.
La visitante está mirando mi tele, sentada en mi cama, tomando mate, con mi control remoto en la mano, ¡como si fuesen sus cosas! Ni se tomó la molestia de tocar el timbre o golpear la puerta, por lo menos.
-¿HOLA?- le digo sentada desde la silla, a ver si me responde… ¿me estaré volviendo loca?
La muchacha es de estatura mediana, más bien pequeña, de cabello castaño largo y ondulado en las puntas, bastante blanca por cierto. Gira la cabeza y dice:
-No, ¡qué mal viaje!-
Yo, entre confundida y aterrada, desorientada y extrañada, comienzo a notar que los rasgos de su cara se parecen bastante a los míos, de hecho noto que son prácticamente iguales, sino fuera por una pequeña cicatriz que tiene en la ceja, una argollita plateada en la nariz y la longitud de su pelo (yo tengo el pelo corto) diría que me estoy mirando en un espejo. Pero no ¿Qué espejo? Si apareció de repente, si acaba de hablarme, y encima de apropiarse de mis cosas ¿tiene el tupé de decirme que yo soy un mal viaje?
-¿Quién sos?- le pregunto
Noto que hasta reaccionamos de forma parecida cuando veo que se da una cachetada en la cara.
-No estoy flasheando…- se contesta a si misma. – ¿Vos sos yo?- me pregunta.
Ahora si que no me cabe duda alguna de que esta señorita está completamente trastornada.
-No, soy yo, Tatiana, y este es mi cuarto, ¿quién sos vos y qué hacés acá?
-Jajaja, ¡yo soy Tatiana! Y vos sos igual a mí hace unos 3 o 4 años…
Las circunstancias eran cada vez más anormales. Medité brevemente...
-Si yo soy vos, entonces vos sos yo, o mejor dicho, somos la misma persona…pero no, no puede ser que yo sea tu pasado, eso es imposible…-
-Claro.- Responde, demasiado tranquila para mi gusto. Se produce un silencio, luego continúa: - Uuh, que mal… seguro estoy soñando. Bueno ahora que me di cuenta puedo manejar el sueño. Jeje. Aunque se siente demasiado real. A ver, veamos, ¿qué puedo hacer? quiero volar.-
Cada vez son más mis dudas acerca del sano juicio de la invasora, se acaba de dar un tremendo golpe saltando de la cama por creer que estaba soñando y podía volar, y por más disparatado que parezca, ¡no quiero que esta demente sea mi futuro!
-¡Ay!- Grita mientras se frota la rodilla. –Es evidente que no es un sueño, pero entonces… a ver ¿en qué año estamos?
-dos mil seis- le contesto.
-¡Qué genial, re zarpado! ¡Es como si estuviera en el cuento “el otro” de Borges!
-No lo leí- le digo –y además ¿qué tiene que ver con todo esto?
-Ya lo vas a leer este año en el colegio, y te va a encantar, es más vas a tener que cambiarle el final para un trabajo práctico y a rogalski le va a gustar, pero como sos una colgada lo vas a perder, y te lo vas a reprochar hasta el día de hoy. En el cuento Borges se encuentra con si mismo, y su “yo pasado” le dice que está en un año muy anterior al que vive el viejo Borges, y dicho sea de paso, te informo que estamos en el dos mil nueve, ¡no puedo creerlo! ¡Es como si estuviera dentro de un cuento!-
La usurpadora acaba de darme mucha información junta, pero la que más me asombra es la certeza con la cual me afirma que estamos en el dos mil nueve. Giro y miro la fecha del margen inferior izquierdo de la pantalla. Sabía que no era yo la que estaba equivocada, claramente dice: "Martes, 11 de abril de 2006." Estoy a punto de decírselo para cerrarle la boca, terminar con esta locura y tratar de descubrir que misterio se esconde tras todo esto, pero me doy cuenta de que si realmente estoy frente a mi yo futuro, no puedo tomarme el momento tan a la ligera, ¿quién mejor para conocerme que yo misma y con un par de años más de experiencia? Me levanto y me siento frente a ella, en la otra punta de la cama. Me detengo unos segundos a mirarla de arriba a abajo, no puedo evitar preguntarme si seré realmente así en un futuro no tan lejano…
-¿por qué tenés una cicatriz en la ceja?- le pregunto (y me pregunto).
Mi yo futuro se rió.
-Ya la vas a tener, consecuencia de un piercing-
Estoy a punto de preguntarle que fue lo que pasó, pero me recuerdo, si es cierto que esta muchacha es mi futuro, ¿habrá posibilidad de evitarlo?, quizás sea mejor preguntarle otro tipo de cosas, como quienes van a morir… aunque… momento, eso es peor aun, creo que prefiero no enterarme. Nunca pensé que tener el futuro en las manos iba a generarme tanto temor e inseguridad.
-¿Te pusiste de novia?- le pregunté para hablar de algo más interesante, aunque creí saber la respuesta.
-No, nuestra esencia no ha cambiado, al menos por ahora… pero el mes que viene te vas a enamorar y no va a ser algo pasajero, preparate porque te va a marcar de por vida.- Veo que se queda con la mirada perdida en una pulsera de su muñeca derecha.
-¿De quién?- le pregunto muy intrigada.
-No te voy a decir el nombre, si no me equivoco a esta altura ya lo debés conocer, pero lo ves como un pibe más, incluso alguna amiga pudo haberte comentado que estaba bueno y no compartías esa opinión…-
-Pero ¿entonces?-
- Las cosas cambian.-
-¿Y no va a pasar nada entre nosotros?
-Sí, de hecho eso va a dar pie a que te enamores… pero solo tres veces y no será algo importante para él-
-Ya veo como viene la mano… mejor no me cuentes más.-
Se produce un silencio que dura varios minutos, nuestros ojos se recorren mutuamente y cuando se cruzan no puedo evitar sentir haber estado dialogando con mi reflejo, ¿es así como la gente me ve? ¿Cuántas vivencias más arrastra esa mirada que la mía aun no? ¿Esto es real? ¿Cómo puedo estar frente a mi misma? ¿La podré tocar? ¿Y si estoy alucinando? Todas estas preguntas empiezan a asustarme, la paranoia me invade, no puedo disfrutar este momento plenamente…nunca voy a poder olvidar este encuentro.
¿Cómo puedo estar frente a mi pasado? Si claro está que no estoy soñando, tampoco estoy drogada, y esto es muy real, tan real como la sustancia pensante (¿por qué pienso en filosofía cuando estoy en una situación tan poco común, tan disparatada?) ¿Voy a volverme loca? ¿O es que acaso ya lo estoy?.
-Escuchame- ambas voces, con el mismo timbre resonaron en la habitación.
Ella levanta la ceja, yo me aclaro la garganta:
-¿Recordás haberte encontrado con tu futuro cuando tenías 15 años?-
-Para nada-
-Eso me deja más tranquila…- mi tono de voz delató la ironía -¿Qué vamos a hacer? ¿Cuánto más va a durar este encuentro? ¿Qué va a pasar cuando entre alguno de nuestros viejos y vea esta situación? ¿Serán acaso capaces de verla?-
Esas preguntas hacen eco en mi cabeza por unos segundos que me resultan horas. Tal vez durmiendo se solucione todo, alguna vez un amigo me dijo en alguna ocasión, que una siesta es un buen remedio para un mal día, aunque esto está lejos de ser simplemente un mal día, ni siquiera resulta tan malo después de todo, sino completamente insólito.
-Si los sueños finalizan cuando uno se despierta… ¿podríamos intentar que esto se termine durmiendo?-
Mi yo mayor parece no estar tan convencida con la idea de ponernos a dormir como si nada, pero finalmente accede, ¿será que todo es obra de mi propia mente?
Nos recostamos en la cama y nos tapamos hasta la cabeza (noté que con los años no perdería esa costumbre) pero conciliar el sueño en un momento así no resulta fácil.
Puedo percibir que comienzo a quedarme dormida cuando imágenes inconexas se dibujan en mi mente y no puedo recordarlas al segundo siguiente de haber perdido el hilo, siempre me pasa eso cuando me empiezo a dormir, aunque únicamente en la siesta. Y según mi reloj, son las cinco de la tarde.
Me levanto. Me estiro. Bostezo. Miro el reloj (maldita dependencia). Son las 7 de la tarde, soñé con olas gigantes que me tapaban en la terraza. Aun sigue vivo el recuerdo de mi pasado, pero no como un sueño, sino como algo muy real, aunque al mirar a mi izquierda advierto que me encuentro sola. Toco mi pelo, está de la longitud habitual. Me encuentro algo confundida, me levanto y me siento frente a la computadora con un único fin: mirar la fecha en el margen inferior izquierdo de la panta

lla. Éste dice: "Jueves 11 de junio de 2009."